Racionalismo instintivo
Respetando al máximo la jornada de reflexión y los comicios, he reservado para la resaca electoral un pequeño apunte cuyo punto de partida se establece en la antagonía bipartidista reinante en España.
Mentira. Lo cierto es que este fin de semana no me apetecía escribir y esta entrada, además, es algo densa.
Los últimos siete días han sido bastante prolijos en noticias de primera magnitud, al menos a nivel nacional. Era de esperar. La legislatura ha sido intensa y las elecciones prometían no desmerecer. Los candidatos se han esmerado y han hecho hincapié en sus logros, al mismo tiempo que han prometido imposibles.
Lo habitual, vamos. Es algo que todos hemos aceptado hasta tal punto que en las conversaciones a pie de barra de bar nadie habla de políticos buenos, sinceros o eficientes, sino de políticos menos malos, menos hipócritas y menos vagos. La apatía política cubre un país donde la participación electoral supera cómodamente el 70%. ¿No parece contradictorio?
Lo es en cierto modo. El oxímoron del título tiene mucho que ver con esta actitud. Y con la de los aficionados al fútbol, los patriotas, las tribus urbanas…
Este último término tiene la clave: tribus. La sociedad no ha evolucionado tanto en el fondo. En España no hay más que tribus, políticas en el caso que nos ocupa. Tribus que van más allá de un territorio o un origen familiar comunes y se forman alrededor de ideas, de conceptos, de la imaginería popular, de una polarización artificial. Porque, asumámoslo, los dos partidos mayoritarios son similares. Tanto que si nos fijamos en los indicadores que verdaderamente afectan a los ciudadanos (empleo, crecimiento económico, tasas de accidentes laborales o de tráfico, por ejemplo), los cuatrienios no son apenas distinguibles y muchos de estos indicadores guardan una fuerte relación con sus homónimos a nivel global.
Esto es, quizá, resultado de la evolución de la asociación tribal. Ya no es necesario reunirse en torno a personas de características morfológicas similares. Hoy lo que cuentan son los conceptos, los ideales… Las apariencias. Sí, sólo las apariencias. Porque dentro de esta nueva concepción racionalista de la tribu, seguimos guiándonos por la intuición de que en las cuestiones que despiertan nuestro espíritu más beligerante, aquellas posiciones próximas a las nuestras serán las más adecuadas para todo lo demás.
Racionalmente, esto es un error de bulto. Instintivamente, yo jamás votaría a un partido de corte religioso.
Tags: elecciones, instinto, racionalismo, sociedad, tribu
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